El refuerzo positivo consiste en aumentar la probabilidad de una conducta recompensándola. No es permisividad: implica límites, gestión del entorno y criterios claros.
El timing es clave. El premio debe llegar en el instante en que el perro acierta, no segundos después. Usa marcadores — clicker o palabra — para precisar el momento exacto.
Elige recompensas que importen a tu perro en cada contexto: comida en casa, juego en el parque, acceso a olfato en el paseo.
Sé coherente entre todos los miembros de la familia. Inconsistencia genera confusión y ralentiza el aprendizaje.

