La reactividad aparece cuando un perro responde de forma desproporcionada ante estímulos — perros, personas, bicicletas, ruidos — con ladridos, tirones, evitación o bloqueo.
El primer error habitual es exponer al perro "a ver si se acostumbra". Sin criterio profesional, esto suele empeorar la respuesta emocional y consolidar miedo o frustración.
Los primeros pasos profesionales incluyen: identificar el umbral de tolerancia, establecer distancias seguras, enseñar conductas de recuperación y trabajar bajo refuerzo positivo en entornos controlados.
También es fundamental revisar el manejo — correa, posicionamiento, anticipación — para evitar escaladas antes de iniciar exposiciones.
Cada caso es único. Una evaluación permite definir si estamos ante miedo, frustración o ambos, y diseñar un protocolo con métricas de progreso realistas.

